908. Algún día se va a abrir esta trampa mortal

2 de junio de 2026 | Junio 2026

A Gabriela le sorprendía la oficina del fiscal que la atendía. Se sentía en una película. El orden hasta el más mínimo detalle y una limpieza que, aunque imperfecta, se defendía. El fiscal que le había tocado solía atender a las víctimas, cosa que no todos hacían. Esta era la segunda vez que ella se presentaba en la oficina. Su hija había sido asesinada en la puerta de la casa que compartía con su pareja.

—Buen día —la saludó el fiscal, con empatía compungida.

—Hola, doctor —contestó ella y tomó asiento frente a él—. ¿Tiene novedades del asunto de mi hija?

—¿Cómo era su nombre?

—Gabriela.

—Gabriela, ya le dijimos acá cómo venía la investigación y que cuando fuera necesario la íbamos a llamar. Acá la atendemos porque… Pero no es para que pida reuniones todo el tiempo. Imagínese que yo, como esta causa, tengo otras tantas.

—¿Usted se acuerda lo que me dijo la vez pasada? —a Gabriela se le notó el latido del labio.

—Sí —dudó el fiscal y miró a un costado—. Cómo venía la causa y que por lo que teníamos, el homicidio había sido en el marco de un intento de robo.

—Y me dijo que si estaba tan segura de que había sido el hijo de puta de mi yerno, que le trajera las pruebas yo —contestó Gabriela con los dientes apretados.

—No recuerdo…

—Acá tiene —dijo ella y vació una bolsa arriba del escritorio, de la que cayeron casquillos de bala y ropa ensangrentada.

El fiscal la miró en silencio, más tranquilo que nunca.

—¿Y? —preguntó después.

—En el barrio todos sabían lo hijo de puta que era con mi hija. Cuando les dije que tenía que conseguir las pruebas yo, se organizaron todos los vecinos. La misma noche —Gabriela levantó un dedo al aire— que usted me mandó a buscar pruebas, el sorete sacó una bolsa de basura, que la tengo en mi casa, si quiere, y le encontraron esto.

—Gabriela, esto no sirve…

—No, ¿qué? Me pidió pruebas, acá están —lo cortó Gabriela—. ¿Cómo es que todo el barrio sabe lo que pasaba y ustedes no encuentran nada?

—Eso no prueba nada y tengo solo una denuncia… Mire, por favor, que venga su marido, que él no es tan emocional…

—Doctor, ¿sabe qué pasa? Tanto se organizó el barrio que quedamos en que, si no me daban bola hoy, al hijo de puta ese lo linchan en la casa. Ahora mismo, doctor —se inclinó sobre el escritorio—, hay cuarenta personas listas para hacer justicia cuando yo lo diga.

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