Noelia entró en la oficina de la ANSeS con el pelo revoleado al viento y la mochila, con el cierre ya vencido, abierta casi del todo. Faltaban cinco minutos para que la oficina cerrara y ella no podía pasar otro día sin averiguar por qué le habían reducido la asistencia mensual que le tocaba por sus tres hijos.
Se acercó a un mostrador y se lo preguntó a una empleada joven, que le pidió su nombre y número de documento para cotejarlo en el sistema.
—Sí, señora, acá puedo ver que a usted se le enviaron mensajes desde el gemelo digital y no le contestó nunca ni le aportó la información que el gemelo le estaba solicitando, ¿es correcto?
—Eh… No sé, puede ser. Cambié de teléfono porque me lo robaron, pero puede ser que me habían mandado —contestó Noelia, para nada segura.
—Claro, bueno, ahí está el tema. Usted le tenía que haber brindado… Acá veo que además tiene un gemelo digital por cada hijo, que tampoco recibieron respuesta.
Noelia no supo contestar.
—Este es el problema. Tiene cuatro gemelos digitales en situación de abandono —le comunicó la empleada de la ANSeS.
—¿Te digo mi celular y me mandan de nuevo, así ya le…? Porque el mes pasado tampoco cobré —dijo Noelia con una sonrisa de pena.
—Mire, en esta situación, en realidad… Yo le puedo tomar el número de teléfono, pero tiene los gemelos abandonados y eso tiene un costo.
—¿Cómo un costo? Yo no abandoné nada, eh —se excusó rápido.
—Los gemelos digitales son responsabilidad de los titulares del beneficio y, en caso de no cumplirse lo solicitado por ellos, el costo que implica la existencia del gemelo queda a cargo de quien no respondió. Y a eso se suma una penalización.
Noelia la miró raro y la empleada sintió la necesidad de explicarse mejor:
—Es como si tuviera otro hijo, y si no le da de comer, tiene un juicio por alimentos, digamos.
—¿Qué le tengo que pagar alimentos a una máquina? ¿Me estás cargando? —se indignó Noelia.
—No, es un ejemplo… —iba a explicarse mejor, pero Noelia interrumpió.
—Nena, yo me cruzo desde Rafael Castillo hasta San Miguel y San Martín para trabajar y cobrar dos pesos con cincuenta. Me vine corriendo para averiguar esto ¿y me vas a decir que porque no le contesté a un mensaje de mierda me bajan la asignación?
—Yo le diría que se apure a cancelar la deuda con el Ministerio de Capital Humano y ahí usted le va a poder brindar la atención a los gemelos para que dejen de cobrarle. Ahí le envié la boleta de pago —contestó la chica.
—La puta que te parió —contestó Noelia y salió de la oficina antes de enojarse a niveles irreversibles.

