Se dice que en alguna fábrica del conurbano bonaerense se tuvo que frenar la línea de montaje porque los laburantes se abrazaban con los ojos cargados de lágrimas y los rostros desfigurados, buscando consuelo para un dolor inesperado que les había caído encima con el peso de los años. Que un herrero subió el volumen del parlante para no...
912. Mi único héroe en este lío
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