El payaso Violeto llegó a la escuela pasadas las seis de la tarde, cuando los chicos ya se habían retirado y reinaba el silencio, vestido con su disfraz, que lucía costuras con hilos sin cortar y alfileres de gancho que cubrían otros agujeros. Coronaba su cabeza el gorro del Tío Sam. —Buenas tardes, director, disculpe la demora, es que estos...

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