547. Descrear
Iris volvió a su casa después de haber almorzado con su hermana Mónica y algunas otras amigas. Todas eran jubiladas e Iris se había sumado al club hacía medio año, aunque había trabajado hasta los sesenta y cinco. Esa tarde en particular, se habían juntado para despejar a Iris de la amargura de su reciente viudez. Después de treinta y ocho años...
546. Eterna búsqueda
Cuando sonó el timbre de la fábrica de plásticos que anunciaba que había terminado el turno, Aquiles suspiró y se relajó con los brazos en jarra. Apretó los dientes para no ser acusado de puto por su dolor de espalda y emprendió su camino hacia el vestuario mientras empezaba a sacarse los guantes del trabajo. En ese momento, sintió que Facundo le...
545. Todos manoseados
Desde el primer momento que escuché que en el club se andaba diciendo que Olivetto andaba metiendo la mano en la lata y no sé cuántas cosas más, yo siempre salí a defenderlo, ya fuera en los pasillos, las canchas y el gimnasio. Bah, en todo el club, digamos. Pero también en la panadería de enfrente una vez. Es que en el pueblo no hay tanto tema...
544. Ciberseguridad
Nelson Raimundes era el oficial encargado de los delitos de ciberseguridad de la comisaría. A pesar de que, como cualquier policía, no tenía ganas de trabajar, le tocaba hacerlo a un ritmo de mucho más alto que el resto. Es que el ciberdelito se había convertido en un signo de época, y había ahí un enorme negocio para explotarse. Sus compañeros...
543. Piñata
La luz blanca de tubo titilaba encima de la bacha. Era, junto con la pantalla de la televisión, la única luz de la casa que iluminaba la mesa, donde las migas del pan de la de la cena anterior se sumaban a las del pan que había empujado la polenta sin queso que acababan de cenar Angélica y Carlos. Todavía con los platos sucios en la mesa, Carlos...
542. Cultura del contenido
La otra noche me preocupé cuando vi que ya nadie se conectaba a mi stream. Ni mis amigas ya me ponían de fondo. No son tantas, pero son de fierro. Me puse en tetas, para ver si aparecía alguien al menos. Y ahí sí, entró un pajero y me inhibí. Cerré la compu y me tiré a dormir. Bueno, a llorar; después, sí, dormir. Me acordé de esa charla de...
541. Abrigo
Un día, era viernes si no me equivoco, arrancó a llover. Así como la que había pasado en mayo, porque yo, Carlos María Troncoso, podía no saber el día exacto de la semana, pero el mes siempre me enteraba cuál era. Claro, viviendo en la calle, sin teléfono ni nada, es un poco más difícil saber. Pero por las horas de luz, por la temperatura, me...
540. Al sol
Braulio y Pancho vivían en una ranchada en plena Avenida de Mayo. Bastaba con asomarse un poco entre la gente y el tránsito para ver, a lo lejos, la Casa Rosada. Ellos no eran parte de la nueva camada de habitantes del microcentro porteño. Ambos llevaban más de una década en ese territorio, cambiando de lugar, pero en una misma zona. —Eh, Braulio...
539. No entiende
A América Gorostiaga le había aparecido un tumor cerebral cuando tenía cinco años. Gracias a una detección temprana por parte de sus padres, Lautaro y Sabrina, logró entrar en un tratamiento efectivo que demoró su desarrollo y, luego de unos meses, realizar la operación para retirarle el tumor en el Hospital Garrahan. Lautaro y Sabrina tenían las...
538. Modales
El plan era casi perfecto. Luján Eckert, mi suegra, tenía plata. Mucha plata. Además de unos eternos noventa y cinco años. Y aunque todavía vivía, se suponía que algún día iba a espichar. Por eso Luis, mi marido, y Violeta, su hermana, empezaron los dos a tironear del mantel para ver quién se quedaba la porción más grande mientras ella todavía...
