764. Juicio virtual

22 de enero de 2026 | Enero 2026

El juez se encerraba en su despacho, el único con aire acondicionado en el juzgado, como para que el aire fresco no se le mezclara con el calor de enero. De paso, veía series y películas (se decía que también porno) imaginando que el sonido, al igual que el aire frío, no atravesaba la puerta. Esa mañana, en plena feria judicial,solamente había dos empleadas en el juzgado, que aguantaban el calor.

—Laura —dijo el juez ni bien salió del despacho, con un tono casi castrense, y caminó marcando el ruido de sus pasos en el piso de madera.

—Sí, doctor —contestó Laura, con los pelos volados por un ventilador.

—¿Contestaron? —preguntó el juez.

—A ver —Laura cliqueó lento varias veces. En su campo visual entraba el juez, que ya se veía molesto por pasar unos segundos de calor—. No, doctor. Nada.

—¿Mandaste bien el mail? —la miró ofuscado.

—Sí. Le mandé al Departamento de Justicia de Estados Unidos, al New York Courthouse y a la Cancillería. Recibí respuestas automáticas, pero nada más por ahora —contestó Laura y envolvió los labios.

—No se pueden demorar tanto —se quejó el juez—. El tipo es un delincuente de lesa humanidad.

—Bueno, doctor… a lo mejor lo quieren juzgar ellos. Son un país más importante, ¿no? —sugirió Laura.

—Pero a mí me lo pidió Waldo Wolff. ¿Qué le digo? ¿Que soy un cuatro de copas? —preguntó el juez con los brazos en jarra—. Yo cancelé mis vacaciones en Brasil para encargarme de este asunto.

—No sé, doctor. Dígale que… que seguramente ya nos lo van a mandar —Laura se encogió de hombros—. A ver. Espere. Acá justo llegó un mail. Dice que lo están mandando. Y hay un archivo. A ver. Acá está, doctor.

Laura dio vuelta su pantalla y le mostró que ahí estaba Nicolás Maduro.

—Buenos días, pueblo bolivariano —saludó.

—Buen día, señor Maduro —le contestó el juez, sorprendido—. Le informo que pronto vamos a juzgarlo por los delitos de lesa humanidad.

—Aquí estamos hoy, querido pueblo, para recordar al comandante Chávez y celebrar la Navidad —contestó Maduro.

—¿Cómo? ¿Me está escuchando? —se quejó el juez.

—Buenos días, pueblo bolivariano —repitió Maduro.

—¿Me vas contestar, carajo? —perdió los estribos el juez, cara a cara con la pantalla. 

—Para contratar la versión extendida y sin interrupciones, comuníquese con el US Departament of Justice —contestó Maduro.

—¿Me estás tomando el pelo? —preguntó el juez.

—Doctor, es una inteligencia artificial —le avisó Laura.

—Eh… Bueno, Laura, por favor, organizá todo así arrancamos con el juicio cuanto antes. Yo le voy a avisar a Waldo que ya lo tenemos —concluyó el juez y volvió a su despacho.

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