755. Estafan y zafan

13 de enero de 2026 | Diciembre 2025

Decidí volver a mi casa caminando desde la oficina en el centro hasta la estación de tren. No porque quisiera ahorrarme el colectivo: necesitaba dedicarme unos minutos a pensar en la excusa que convenciera a mi mujer de que yo no era un idiota por haber invertido casi todos nuestros ahorros en una financiera trucha promocionada por amigos del gobierno. Cualquier mentira me haría quedar mejor.

Y en eso estaba, un paso atrás del otro, cuando veo a un tipo, bien vestido aunque desprolijo, parado contra una pared, de espaldas a mí, y cuando estoy a punto de pasar a su lado, se da vuelta, me extiende una mano y me dice:

—Se la vendo, señor —y me muestra una rata de alcantarilla, mansita, quieta en la palma de su mano—. Y le aseguro que es la solución a todos sus problemas.

Me reí sin detener la marcha, levanté una mano en agradecimiento y seguí.

—Arregla todos los problemas de plata —agregó el tipo.

Si hubiera sido un linyera, ni siquiera frenaba, pero como le sentí un buen perfume al pasar a su lado, y considerando mi situación, volví y le pregunté por qué decía eso.

—Da consejos. Acierta en todos. Usted le tiene que poner las opciones escritas cada una en un papel, ella va y elige la mejor. No falla.

—¿Y por qué la vende? ¿Y a cuánto?

—Cinco mil dólares. La vendo porque tengo sus crías que tienen el mismo poder —contestó y le dio un beso a la rata.

Apenas más que cinco mil dólares era todo lo que me quedaba.

—Bueno, pero ¿cómo sé yo que esto no es una estafa? Además, cinco mil dólares es un montón —contesté.

—¿Para la rata de los huevos de oro? No creo que sea mucho. Y yo no le puedo demostrar ahora. Al próximo que pase se la ofrezco y seguro agarra —contestó muy convencido.

—Tres mil dólares —le oferté.

—Y un beso. Un chape. Fuerte —contraofertó él.

Cuando me traje la rata en una caja, la escondí en el baño que usamos como depósito. Tenía dos mil dólares para recuperar los treinta y tantas que había perdido.

Preparé el escenario como me había dicho el tipo para usarla. La rata sugirió invertir en el rubro de litio, en lugar de una empresa de videojuegos que yo le veía buena pinta y, dos meses después, había subido su cotización en el mercado casi veinte por ciento.

No obstante, reconozco que la rata me sirvió: le hice un agujero a un vestidor que daba a unos cables, otro más a la caja donde guardábamos los dólares, la metí adentro y un día fingí que la encontraba comiéndose los dólares.

La revoleé por el departamento, la rata, mansa, alimentada por mí, no entendía nada, pobre bicha. Pero bueno, le tuve que dar con un escobillón y mi mujer creyó que había sido ella.

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