Para el rubro de la construcción, los fines de año siempre son momentos más complicados porque por ahí el que quiere hacer un trabajo lo hace durante el año que se termina antes, y casi nadie arranca una obra importante para diciembre. Alguna pavada, laburo de uno, dos días, capaz que sí. Pero nada que deje plata importante. Al menos, en mi caso es así.
Y ya el año entero había estado bravo como para juntar algo. A las fiestas llegamos ya con la lengua afuera. Mi señora trabaja en un taller de costura y yo en la construcción. Uno peor que el otro.
Para colmo, con las nenas chiquitas, que a uno le da cosa no poder darle algún juguete, algo así para Navidad. Pero nos fijábamos con Abigail y a duras penas teníamos algo para poner en la mesa y aguantar el resto de los días.
Justo casi llegando a Navidad me consultaron por un presupuesto para un trabajo lindo: había que hacer el frente de una casa, un portón y unos bancos que quería ahí la señora, pero que no sabían si iban a pedir o no.
Le pasé el presupuesto, y me dijeron que después seguramente lo hacían, que en esos días me confirmaban. Así que estuvimos como cuatro días viendo si el teléfono traía buenas noticias. Pero no. Nada.
Y estuvimos en Navidad ahí en lo de mi suegro, que de repente nos avivamos de que las nenas iban a ser las únicas sin regalo, porque Abi tampoco le dijo a su mamá cómo estábamos mal de plata.
Así que mi suegro agarró y dijo que no se pusiera nada abajo del arbolito. Y cuando se hicieron las doce, con la pirotecnia y los estruendos, al ver que no había nada abajo del arbolito, mi suegro habla a la familia:
—No lo puedo creer. Miren —levantó el celular y mostró en la pantalla un chat—. Ahí me están diciendo que parece que a Papá Noel le pegaron un tiro acá en el barrio cuando estaba repartiendo.
—No me digas —se la seguí yo.
—Sí, parece que por eso al final no va a venir —las nenas miraban para arriba al abuelo un poco entre preocupadas y decepcionadas—. Hasta parece que todo el barrio está… Mirá. ¿Escuchás? Son más tiros que suenan, porque la gente está toda enojada.
—Y claro, seguro lo fueron a buscar al que le pegó el tiro a Papá Noel —dije yo, agradecido de vivir en un barrio que no le importan los perros ni los autistas, por una vez en la vida.
—¿No va a venir, entonces? —preguntó Lara, la más chiquita—. ¿Y si se demoró?
—No, mi amor, no creo ya. Papá Noel es muy puntual —le dije yo—. Pero pará, a ver, me vibró el celular —dije y lo saqué—. ¡Mensaje de Papá Noel!
—¡No te puedo creer! ¿Te escribió a vos? —dijo Abigail, que la verdad no sé si lo estaba actuando o la creyó en serio.
—Dice que los regalos no entregados seguramente vengan con los Reyes Magos en enero —dije yo, como para zafar un par de días.
Una lástima que la obra nunca arrancó y, al final, los Reyes Magos solo trajeron caramelos.

