749. Caranchos

7 de enero de 2026 | Diciembre 2025

En el nido había tres huevos. Se veían bien, normales. La cámara del proyecto de investigación registraba ese nido las veinticuatro horas porque les había resultado llamativo que Lucy y Chano, dos caranchos hermanos entre sí que venían estudiando desde hacía dos años, formaran pareja. No era un comportamiento habitual para la especie.

Los biólogos, que en realidad investigaban si los caranchos tenían vínculos sociales más desarrollados que lo que se sabía hasta ese entonces, creyeron estar frente a un posible nacimiento de una nueva especie por evolución endogámica.

Después de treinta y un días, los tres huevos empezaron a resquebrajarse. Los caranchos, que los observaban con su ladeo de cabeza similar al de los dinosaurios en las películas, se convirtieron por primera vez en padres.

El proceso de desarrollo de los caranchos comenzó normal. Las tres crías se veían bien y aparentaban estar en buen estado de salud.

Lucy y Chano se turnaban para ir a buscar alimento y regresabam cargando en sus picos pequeños sapos, arañas, saltamontes, orugas, tarántulas, víboras y otras presas para alimentar a sus recién nacidos.

Todo marchaba normal, hasta que un día, una de las científicas a cargo de la investigación advirtió que Lucy estaba dándole violentos picotazos a uno de los caranchos nacidos hacía apenas más de diez días. Luego, todo continuó normal.

A las tres semanas las crías estaban cubiertas de sus primeras plumas, algo más suaves que las de los adultos. Con las garras de su pata, Chano agarró a un pichón y lo arrojó fuera del nido. Lo miró desde arriba y bajó a buscarlo para subirlo nuevamente al nido.

La cuarta semana empezaron algunos movimientos de aprendizaje de vuelo. Lucy y Chano enseñaban a sus crías a saltar de rama a rama, hasta llegar a un poste de luz, haciendo equilibrio con las alas abiertas.

Al finalizar la lección, Lucy y Chano atacaron ferozmente a sus crías durante varios minutos, dejando a uno de ellos gravemente herido.

Media hora más tarde, Lucy regresó al nido con los mejores manjares que podía haber encontrado para sus pichones, los alimentó y los acicaló.

Una tarde, cuando sus caranchos ya tenían buen tamaño, sucedió la última lección de vuelo. Ya luego sería un salto al vacío con confianzar y abrir las alas para volar.

Ni bien terminó la lección, Chano enterró sus garras en la cabeza del pichón que mejor crecía y entre él y Lucy lo atacaron hasta dejarlo caer, muerto, debajo del nido. Luego, atacaron a los otros dos hasta lesionarlos como para impedirles el vuelo.

Horas más tarde se alimentaron del pichón muerto y la dinámica continuó igual: ataques con lesiones que les impedían desarrollarse y alimento del mejor.

Los investigadores, sin entender de qué se trataba ese comportamiento, se animaron a asegurar que, quizás, Chano y Lucy sabían que sus crías, por ser hijas de hermanos, no debían prosperar.

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