740. Algunos, nomás

28 de diciembre de 2025 | Diciembre 2025

—Nick, dame bola cinco minutos y después seguís jugando, ¿puede ser? ¿Serías tan amable? —preguntó Sebastián a su hijo, que jugaba online con sus amigos. Desde la ventana de la habitación se veía un jardín enorme con pileta y arco de fútbol. Detrás de un cerco vivo se asomaba, apenas entre las ramas, la casa del terreno vecino.

—¿Qué? —contestó Nicolás, sin mirarlo.

—Estuve pensando y me parece que llegó el momento de que cambies eso que hacés de las inversiones, todo lo “masivo” —Sebasitán dibujó comillas en el aire— y esa cuestión, y pases a ser un empresario en serio. Te quiero poner un concesionario boutique en Olivos. ¿Qué te parece?

—¿Eh? —Nicolás se desentendió del juego y se dio vuelta—. Tengo diecisiete años —abrió las manos en el aire e hizo una mueca de asco entre granos de acné.

—Pero se puede a tu edad, con autorización judicial. Yo la consigo con un par de llamados. Y, en caso de que no la consigamos, ponemos a Eduardo.

—¿El chofer? —preguntó Nicolás, exagerando el desagrado en su rostro.

—Sí, nene. ¿A quién querés poner de testaferro?

—¿Y si me caga? —preguntó Nicolás y Sebastián se rio.

—Ay, Nicky… Conozco a toda la familia. A la madre le pago el geriátrico yo. Él mismo se imagina lo que le puede pasar a ellos si me caga a mí, imaginate a vos. No, hijo. No pasa nada. Nos sirve y todo.

—¿Por qué? —preguntó Nicolás.

—La cuestión es que quiero que evoluciones —cambió la línea Sebastián. ¿Te animás a tener una empresita tuya? Y abandonás el jueguito pavo de las inversiones con la mía.

—Es mía —levantó un hombro Nicolás.

—Bueno, pero te la di yo… Esto es distinto. Yo te pongo los autos para arrancar, después, hacés vos la magia de crecer —sugirió Sebastián.

—¿Y si me va mal? —dudó Nicolás, en un tono de secreto.

—Yo te compro, hijo, si no te va bien. Y algunos amigos te van a comprar, seguro… Al principio —aclaró Sebastián—. Y por los gastos, no te preocupes. Ahora es más barato conseguir gente.

Nicolás se alegró tanto que saltó de la silla y fue a abrazar a su papá.

—¡Masivo, pa! —festejó.

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