697. Nostálgico

9 de noviembre de 2025 | Octubre 2025

—Servicio de atención a al cliente, mi nombre es Bianca. ¿En qué puedo ayudarlo?

—Hola, Bianca. Soy Emilio —contestó el señor y se escuchó la hebilla del cinturón.

—Buenas tardes, Emilio.

Emilio no contestó nada. Por el parlante, Bianca escuchaba su respiración profunda, de décadas de fumador. Como no decía nada, ella repitió:

—¿Emilio? ¿Puedo ayudarlo con algo?

—Ahora sí. Como no me preguntaban nada, me quedé callado. Sí, mirá… te llamo porque me aparece en la cuenta que me están debitando unos de salvemos al planeta, una cosa así y no sé si es estafa o qué.

—Voy a cotejar en el sistema —contestó Bianca—. Sí, según veo en los movimientos le están descontando un aporte mensual.

—Y si yo no contraté nada de esto —fingió indignación Emilio, que se había adherido al débito automático para poder llamar al servicio del banco—. Qué hijos de puta que son estos zurdos chorros, ¿eh?

—En este caso le puedo ofrecer dar de baja la tarjeta y le va a estar llegando una nueva en el plazo de diez días hábiles —contestó Bianca.

—Se hacen los buenos y, al final, son terribles hijos de puta, ¿no te parece? —Emilio se había desnudado.

Bianca no contestó.

—Porque, viste, te vienen con el discurso de que son los buenos y al final… A ver, chiquita, ¿vos qué sugerís? —preguntó Emilio que ya se masturbaba.

—Como le dije, le puedo dar de baja la tarjeta y, de esa manera, el débito ya no continuaría. Pero si es un servicio que tiene contratado, podría llegar a quedar en mora.

—Qué linda voz que tenés, Bianca —dijo Emilio—. ¿Sabés qué le hacíamos a estos zurditos en mi época?

Bianca no contestó.

—Me acuerdo cuando les pasábamos la máquina… ¡Ja! ¿Sabés cómo se retorcían? Qué lindo. Cantaban de todo, hasta mentían con tal de… —se atragantó con saliva y empezó a toser—. Disculpame chiquita.

Emilio escupió la flema de su garganta sobre su todavía —y siempre— flácida verga.

—Te decía. Después, a la bolsa y al río, y listo. A otra cosa —agregó Emilio.

Bianca no contestó.

—Decime algo chiquita, con esa voz dulce que tenés —insistió Emilio. Bianca no contestó.

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