833. Espantapájaros

17 de marzo de 2026 | Marzo 2026

Lo encontré solo en una plaza, sentado en un banco con tres perros enormes atados a ese banco con correas, sentados a su alrededor, que con solo mirar a la gente que pasaba por el costado lograban generarle una zona de protección infranqueable que, en un primer momento, dudé de si él controlaba el deseo guardián de sus perros.

—Disculpe —me acerqué para hablarle, tan lejos como pude de los perros, dudando de si no me equivocaba de persona—. Presidente, ¿es usted?

—No —contestó seco sin mirarme. Estaba gordo, con la cabeza rapada y escondido debajo de una boina. Habían pasado años de su mejor momento, pero no tantos como para demacrarse a ese punto. Lo reconocí por la voz.

—¿Le puedo robar un minuto? —me animé como si fuera cosa del destino encontrarlo. Para esa semana tenía que, por lo menos, llevar una idea a la oficina. Ya nos habían informado que la empresa, McDonald’s, quería volver a superar a Mostaza, después de años de perder el liderazgo. Cómo hacerlo era nuestra tarea. Y yo, a pocos años de jubilarme, no estaba para inventar mucho.

Ni siquiera me contestó y uno de sus perros me gruñó. Me cagué un poco, pero no me fui.

—Es por un golpe de mercado —le tiré, a ver si pescaba, y picó. Recién ahí me miró.

—Bueno, entonces… digo, acérquese —dijo hablando desde la frente, cabeza algo ladeada y con las pupilas pegadas al párpado.

—Permiso —dije, no sé si a él o a los perros y me senté en el banco—. Un gusto, presidente.

—Ex.

—Sí, bueno… Mandato cumplido, ¿no? —le sonreí—. Mire, la empresa busca primar entre las cadenas de comida rápida. Pero estamos buscando un shock de inversiones para destruir a la competencia. A lo mejor, usted, que es una referencia en el mundo de las inversiones podría…

—Ya no —me interrumpió—. Mis seguidores, digamos, bajaron bastante el último tiempo. Lamento decirle que, o sea, mis últimas recomendaciones salieron al revés.

Me quedé en silencio mirando el perfil que me ofrecía. No sé de dónde salió la idea pero retomé:

—No, señor. ¿Cuánto quiere por hacer una recomendación de inversión en Mostaza? Va a ver que con esto su fama vuelve a repuntar. “Este año es de Mostaza”, eso es lo único que quiero que diga.

—¿Usted trabaja en Mostaza? —ahí sí mi miró de frente—. ¿Lo conoce a Fortunato?

—Las dos cosas —mentí asintiendo—. Fortunato, amigazo mío… ¿Le parece dos mil dólares por la recomendación? Hacemos un video ahora mismo.

La peleó un poco, aumenté apenas el monto y lo convencí con un discurso chanta sobre la libertad de mercado que no sé cómo lo entusiasmó. Me fui a casa con la bomba lista para destruir a la competencia. Lanzamos el video desde bots de redes y vimos cómo, de a poco, los franquiciados de Mostaza empezaban a cerrar sus locales en el país.

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