828. Tierra prometida

11 de marzo de 2026 | Marzo 2026

—Dicen que el presidente quería ser el más judío de todos, una cosa así, entonces, como para cumplirles el sueño religioso de la tierra prometida, agarró y dijo eso de que ahora hay que ser judíos y que el país también es judío. Hasta hablar en judío, dijo mi sobrina —le contó Flora a Inés en la fila de la verdulería, mientras esperaban que Juana les cobrara.

—Pero no, Flora. No lo hace por buen religioso. Tiene su negocio: lo vi en redes —aseguró Inés, confiada—. Faltaban socios para el judaísmo y por eso lo contrataron para que les consiga gente. Por cada uno que se anote acá, se lleva el cinco por ciento.

—¿Cómo? ¿Hay que pagar para ser judío? —preguntó Flora, casi con vergüenza por no saber la respuesta de antemano y tampoco tener suficiente como para pagar una posible cuota de judaísmo.

—No…. No sé, bah. Creo que no. Mi hijo se anotó en el RNJ y creo que no paga nada. Es más, le dieron un departamento —dijo Inés, orgullosa—. La plata del curro se la dan por otro negocio con unas inmobiliarias.

—¿Facundo es judío? —preguntó Flora.

—No, digamos… judío, judío, no. Pero bueno, estaba la oferta y había que aprovechar. Le dieron el departamento de una familia de ahí de Palermo, que se ve que no se quisieron convertir y les dijeron que se tenían que ir.

—¿En serio? —preguntó Flora, aterrorizada.

—Sí. Una cosa así dijo Facu. No sé bien —contestó Inés, con  una mirada pesada en el techo.

—Pero, ¿y ahora qué? ¿No cree más en Jesús? —preguntó Flora.

—No, sí… Nunca creyó nada —contestó Inés, encogida de hombros, segura—. No le hacen hacer nada, igual. No es que tenés que ir a la misa judía, nada. Y hasta lo anotaron en un sorteo por un terreno en el sur. Fijate, capaz que a vos te conviene, para tus hijos.

—¿Vos decís? —dudó Flora.

—¿Quién sigue que esté inscripta en el RNJ? —llamó la verdulera que, debajo del delantal, llevaba una blusa de manga larga y una pollera de chola. Solamente Flora e Inés esperaban para pagar.

—Yo. Yo estoy anotada —dijo Inés y se acercó al mostrador, a pesar de que Flora esperaba desde antes.

—Pero estaba yo —se quejó Flora.

—Pasa que no estás anotadaen el RNJ —le dijo Inés y se dirigió a la verdulera—. Shalom, Juana.

—Shalom, Inés.

—¿Vos estás anotada? —preguntó Flora, pero Inés la ignoró.

—Mi número en el RNJ es uno, cuatro, ocho, siete… —empezó a dictarle Inés a Juana.

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