783. Feriante

9 de febrero de 2026 | Enero 2026

Mateo, de dieciséis años, volvió de la feria del parque a su casa ese sábado a la tarde mucho más temprano de lo que sus padres solían hacerlo. Llegó con una sonrisa enorme y una coca para festejar. Y el bolso, que solía ir y venir cargado de ropa, totalmente vacío.


—Buenas tardes, fracasados. Acá llegó el rey de la feria —dijo ni bien entró. Había pensado la frase todo el camino de regreso.


—Mati, ¿qué hacés acá tan temprano? Faltan dos horas para que termine la feria —saludó Fabiana, su madre, tomando té en la mesa, que no había atendido el puesto por estar enferma igual que Coco, padre de Mateo.


—Vendí todo, ma. Soy un éxito total. No entiendo, con lo fácil que es, cómo ustedes son tan burros para vender.


—¿Cincuenta camisetas y veinte pantalones, hijo? No lo puedo creer —se emocionó Fabiana y llevó ambas manos a su cara, antes de levantarse de la mesa para ir a abrazarlo.


—¿Qué pasó? ¿Qué dijiste, nene? —preguntó Coco, que salía de la pieza, con la frente apretada.


—El groso de tu hijo vendió todo —canchereó Mateo.


—¿Cómo todo? ¿Qué pasó? —desconfió Coco.


—Vamos a poder comprar los repuestos del auto —festejó Fabiana—. ¿Cuánto trajiste? ¿Dos palos y pico?


—Tres palos —contestó Mateo—. Pero no los tengo acá. Me los van a dar el finde que viene. Y me dieron de adelanto cien mil.


—¿Cómo que el finde que viene? —preguntó Fabiana, seria.


—¿Qué decís, pendejo? —se le acercó Coco, enojado—. ¿Sos pelotudo?


—No, pa… —se escondió con los brazos en alto ante un posible golpe y retrocediendo medio metro—. Un señor vino y me ofreció mucho más de lo que valía, pero nos lo paga después.


Mateo quedó castigado, con un ojo morado y una deuda con sus padres, que no sabía cómo resolver.

Compartí este pasquín

¿Querés recibir un correo electrónico con los pasquines que se publican en el blog?

Suscribite completando tu nombre y correo electrónico.

Loading

Importante: Te va a llegar un email que tenés que abrir para confirmar tu correo.