En la sede de la Unión Europea, en Bruselas, estaban en el hall de ingreso el señor Laurent y la señora Navarro esperando la llegada del representante argentino, para el que habían mandado a hacer una recepción con la mejor comida de la región. Aburridos ante la demora, esperaban sentados en un el salón, incluso dudando de que la llegara aconteciera.
En eso estaban cuando, en la puerta, se presentaron dos hombres del correo, que habían descargado junto a la puerta una caja inmensa. Anunciaron que venía desde la Argentina directamente hasta ese lugar.
Laurent recibió el paquete y le pidió a los del correo que lo acomodaran encima de una mesa.
—¿Y esto? —preguntó la señora Navarro.
—¿Será que es el representante que estamos esperando? —contestó Laurent en un castellano afrancesado.
—¿En caja? —preguntó ella.
Laurent se encogió de hombros.
Los hombres que estaban realizando la entrega desarmaron la caja y apareció, detrás de una jaula, un homínido que estaba masturbándose. Cuando advirtió la presencia de otros seres, se detuvo y los miró.
—Tiene un cartel: “representante argentino ante la UE” —leyó la señora Navarro.
—¿Es una persona? ¿Por qué está desnudo? —preguntó Laurent.
—Parece más bien un mono. Qué pelaje tiene —felicitó la señora Navarro.
—Ku ku ku ka ka —dijo el mono.
—¿Será uno de esos famosos gorilas argentinos? —preguntó Navarro.
—Ku ku ka —repitió el mono.
—Se ve que sí —contestó Laurent.
—¿Estaba masturbándose? —preguntó Navarro, queriendo despejar la duda.
—Uhu uhu uhu hu —desafió el mono con las manos en los barrotes mientras se agitaba, usando un tono más soplado.
Cuando lo soltaron no podían creer lo que veían: el representante solamente pasaba por la mesa, comía y enchastraba todo. Cuando terminó de comer, volvió a masturbarse, ahora sentado en un sillón.

