763. Quién se la cree

21 de enero de 2026 | Enero 2026

Desde el final de las clases, Benicio había pasado sus días jugando en la Playstation 5 que le habían regalado para su cumpleaños. Se despertaba temprano y se quedaba horas frente a la pantalla ignorando las palabras de sus padres Alejo y Brenda,  y las de su abuelo Mario, que vivía con ellos y se encargaba de cuidarlo mientras sus padres trabajaban.

Un sábado a la mañana, Alejo se acercó cuando Benicio jugaba.

—¿Qué onda, Beni? —preguntó Alejo. Benicio lo ignoró—. ¿Sabés de qué me enteré? —dejó pasar unos segundos como para probar su atención. Ni siquiera lo miró—. Parece que va a venir Messi acá al parque hoy y va a estar firmando pelotas y camisetas —anunció Alejo, emocionado.

—Mentira —contestó Benicio, todavía sin mirarlo, con los ojos clavados en la pantalla.

—Es posta, pendejo. Mirá, acá tengo en el celu… Dame bola un segundo —ordenó Alejo, y Benicio lo miró. Una noticia en la pantalla del celular indicaba que las palabras de su padre eran ciertas—. Hay que salir ya porque es ahora a las cuatro.

—¡Viene Messi! —gritó Benicio emocionado y salió corriendo—. Abuelo, voy  a conocer a Messi —le gritó al pasar.

—¿Viste? Me mostró tu papá. ¡Llevale también mi camiseta así me la firma! —Mario festejó, sentado a la mesa, con una sonrisa.

Cuando se fueron, Brenda desconectó la Playstation y la escondió.

Una hora más tarde, Benicio entró a su casa, enojado, con marcas de lágrimas en los ojos, pegándole patadas a las puertas y muebles.

—Ey, pendejo —lo retó Alejo, que traía pelota y camisetas en las manos—. ¿Escuchaste lo que te dije? Te damos la play cuando te portes bien. Si seguís así no la vas a ver nunca más, eh.

—¿Qué pasó, Beni? —le preguntó Mario sentado a la mesa en el mismo lugar que cuando se habían ido—. ¿Lo viste a Messi?

—Era todo mentira, abuelo.

—¿Cómo mentira? Si yo vi la noticia en el teléfono de tu papá —dijo Mario con las cejas apretadas.

—¡Era todo mentira, abuelo! —repitió, a los gritos, Benicio y siguió su camino a la pieza.

—Pero yo lo vi —contestó Mario, resignado.

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