760. Año Nuevo en Olivos

18 de enero de 2026 | Diciembre 2025

El presidente había decidido pasar la última noche del año para celebrar su éxito personal en la Quinta de Olivos con su familia: su hermana, sus padres y sus perros. También algunos empleados de la residencia presidencial estarían presentes, en una mesa separada, para asistir a la familia.

Cuando los padres del presidente pasaron al salón, donde sus hijos los esperaban, encontraron la mesa llena de bandejas de metal tapadas al igual que las de los hoteles de las películas. Además, había cuatro mastines ingleses sentados en las sillas alrededor de la mesa.

Fue la madre quien, con una sonrisa y después de decir que eran hermoso perros, preguntó si podían sacarlos de la mesa para cenar tranquilos.

El presidente la miró con asco.

—¿Sabés qué, progenitora? Ya sabía que ibas a salir con algo de ese estilo tan desagradable, así que, o sea, vos y progenitor van a pasar la cena ahí adentro —dijo el presidente y señaló una jaula que había al costado, preparada como para los perros.

—No, bueno. Sos un loco de mierda. Nos vamos a casa —contestó su padre.

—¡Chicos, atentos! —gritó el presidente y los cuatro perros rodearon a sus padres cortándoles el paso—. Adentro, vamos —ordenó y los arriaron hasta que se metieron en la jaula.

—Ricardo, ¿podés? —preguntó la hermana al hombre de seguridad que se acercó a cerrar la jaula en la que sus padres no entraban de pie.

—Tengamos las fiestas en paz, por favor —dijo el presidente, desestimando las quejas de sus padres que llegaban detrás de los barrotes—. Si no se callan, los mando a amordazar.

Ricardo agarró unas servilletas de tela de su mesa y se levantó, pero la hermana del presidente, con un gesto, lo calmó. Luego, ella miró a sus padres con una severidad amenazante y volvió a la mesa.

—A comer —dijo el presidente y las empleadas levantaron las tapas de las bandejas y servirle la cena a los perros en los platos.

—Qué bien se ve todo —felicitó la hermana.

—Agarrá del vitel toné que mirá… Se lo está comiendo todo Murray directo de la fuente —señaló el presidente con una sonrisa y se rio.

—Y a Robert le encanta el matambre —se rio su hermana y sacó de la fuente de vitel toné algunas rodajas de carne que habían sido recién lamidas por el perro.

—¿Y vos, Conan? ¿No querés comer? —preguntó el presidente dirigiéndose a una silla vacía.

—Ay, dejalo —intercedió su hermana—. Si no quiere comer, que no coma… Igual, mirá. Ahí comió un poco, ¿viste?

—Sí, un poco —contestó el presidente.

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