729. Política para no políticos

16 de diciembre de 2025 | Noviembre 2025

De los treinta bancos del aula, apenas siete ocupados: se habían anotado al curso de la ONU un representante de la presidencia estadounidense y una delegación argentina de seis personas compuesta por el presidente, dos ministros y tres twitteros aspirantes a funcionarios del gobierno nacional.

Cuando la profesora entró, los alumnos no parecieron advertirla y continuaron dibujándose vergas en los cuadernos y bancos de sus compañeros o pegándose piñas y correteándose.

—Buenos días —se anunció con tono marcial la profesora, con la mirada por encima de sus anteojos.

El alboroto cesó cuando todos se acomodaron en sus asientos, tan lejos del pizarrón que la profesora debió ordenar que se acercaran. Bufando, los argentinos se acomodaron entre las primeras dos filas. El estadounidense se hizo el desentendido.

—Me presento, mi nombre es Becky López, soy la tutora de Naciones Unidas para principiantes —dijo la profesora en un español neutro y un tono mucho más amable—. Tengo entendido que ustedes ya están trabajando en política, ¿verdad?

Algunos asintieron, otros no contestaron. Uno de los twitteros solamente miraba el escote cerrado de la profesora.

—Bien. Hoy trabajaremos el último caso de informes de la ONU, en particular, en su resultado respecto de la Argentina…

—¡Viva la libertad, carajo! —gritó un ministro, interrumpiendo a la profesora.

—Silencio —ordenó Becky—. Los últimos años en el país presentan antecedentes con graves problemas de represión política a movilizaciones, uso excesivo de la fuerza y detenciones que no corresponden con los parámetros internacionales. ¿Qué problema ven ustedes en eso?

—Faltó matar alguno —dijo un twittero y todos, menos el yanqui, que miraba su teléfono, se rieron.

—Hay algunos casos en que esto sería una opción —aclaró Becky—. Pero, sin que sea necesario llegar a ese punto, ¿cómo creen que lo resuelven los demás países?

—No reprimen porque gobiernan los zurdos —contestó el otro ministro.

—No es así —corrigió Becky—. Claro que reprimen y tienen exceso de violencia policial, al igual que la Argentina… Entonces, ¿alguna idea?

Nadie contestó.

—Intenten ponerse en el lugar de un político —sugirió Becky.

—¿Echarles la culpa a los otros? —preguntó el presidente.

Becky envolvió los labios, achinó los ojos y contestó:

—No es tan complicado. En realidad, es sencillo: no hacen alarde de ello. No hacen política incentivando la represión y no le pegan a los ancianos cada miércoles. De esa manera, no hay tanto revuelo alrededor y la ONU no dirá nada.

—Es verdad, qué boludo. Yo la sabía, profe —contestó un twittero, mientras los demás anotaban el concepto en sus apuntes.

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