726. Botas locas

14 de diciembre de 2025 | Noviembre 2025

Aldo Ricciardelli, mecánico del Ejército argentino, tomaba mate solo en el galpón de la X Brigada Mecanizada de Santa Rosa, mientras esperaba que llegaran las nuevas bujías y baterías que necesitaba para hacer arrancar los tanques que descansaban hacía años bajo capas de polvo.

Escuchaba la radio, hasta que un ruido de motores afuera del galpón tapó el volumen. Él giró la perilla al mango, como para no perderse el segmento humorístico que esperaba cada mañana.

Ofuscado porque el volumen al mango de la Spica —que había llegado al galpón el mismo año que él había nacido— no le ganaba a los motores, decidió salir del galpón.

—¿Qué carajo pasa? —dijo Aldo y quedó con boca abierta cuando vio, en el playón, cuatro carros blindados en fila.

—Aldito —lo saludó el teniente coronel Ramírez—. ¿Dónde te los estacionamos?

—Teniente coronel —saludó Aldo e hizo la venia—. ¿Qué es esto?

—Unos coches nuevos. Van a venir doscientos —asintió fuerte Ramírez, para convencer mejor, y colgó sus pulgares del cinturón.

—¿Doscientos? —se sorprendió Aldo—. ¿Para qué?

—¿Cómo para qué, Ricciardelli? Para tener armamento. Igual, por ahora es nada más para que jueguen los chicos, cosas así… Ah, me olvidaba. ¿Le avisaron que mañana viene el grado del hijo del coronel mayor?

—¿Acá? —Aldo abrió los ojos tanto como pudo y miró el desorden que reinaba alrededor.

—Vienen con la escuela; quieren conocer los chiches nuevos. Y la otra semana parece que vienen funcionarios del gobierno también con las familias.

—Ah, muy bien… lo que sí que… no tengo dónde ponerlos —Aldo señaló los coches nuevos.

—En el galpón, Ricciardelli, ¿dónde los va a poner, si no?

Aldo se dio vuelta y miró el galpón. No era muy grande y ya estaba prácticamente lleno.

—Pasa que no sé si entrarán —achinó los ojos y se rascó la cabeza.

—Aldo. No me tires tus quilombos a mí. Llevate un tanque a tu casa y listo. Hacé el lugar como haga falta. Y traé galletitas mañana para los chicos, o unos sobres de jugo, cosas así. Yo te mando un par de cabos para que te ayuden— dijo Ramírez.Aldo asintió en silencio mientras Ramírez se alejaba.

Fue noticia en el país la explosión que provocó el disparo del tanque contra la casa de gobierno de La Pampa, después de que Aldo revoleara por la escotilla los paquetes de galletitas que acababa de comprar en el chino, de camino a su casa.

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