721. Argenweek

7 de diciembre de 2025 | Noviembre 2025

La oficina del presidente olía mal: la alfombra había juntado olor desde esa tarde en que, haciendo una pirueta, el nuevo Jefe de Gabinete había roto la manguera del aire acondicionado y había olvidado de apagarlo —tarea que no le correspondía, pero había asumido por compromiso—, dejando un balde rebalsado de agua que ccaía sobre la alfombra durante la noche.

Una semana más tarde, a pesar de secarse la alfombra, el olor empeoraba. En la Casa Rosada se escuchaban insultos del presidente al aire, como para que el Jefe de Gabinete lo escuchara. Y también el resto. 

El tipo estaba en deuda con el presidente. Por eso la reunión económica era su oportunidad de brillar y, quizás, resolver los problemas del país y encontrarle un futuro a la cosa, que venía bien para los de afuera y mal para los de adentro.

—Les dimos grandes inversiones, les dimos facilidades impositivas. Todavía es cierto que no logramos reducir el costo de la mano de obra, pero, digamos… ¿Por qué no vienen los proyectos económicos? —abrió el presidente.

El silencio quedó solamente interrumpido por la gota que caía al balde desde la manguera del aire acondado que, a pesar de haber sido reparada, había quedado con una leve pérdida que persistiría hasta que los de mantenimiento volvieran a verla.

Las caras de los asesores económicos, incluidos el ministro encargado del área y su equipo, intentaban esconderse o, al menos, evitar cruzar la mirada con el presidente.

—Yo tengo una idea —se animó el Jefe de Gabinete, casi temblando de nervios.

—A ver qué maravilla vas a decir ahora… —el presidente se modió el labio y revoleó la mirada. Los demás se rieron.

—La gente prefiere comprar cuando hay oferta, cuando la cosa se pone un poco más barata que lo que tendría que pagar un día normal. De hecho, todos compramos cosas en el Cybermonday o Hotsale. Tenemos que hacer lo mismo, pero llevar las ofertas allá —y levantó un dedo apuntando al techo.

—¿A dónde? —preguntó el presidente.

—A Nueva York, donde la gente tiene más plata. Donde no son unos piojos resucitados como acá y sí les importa hacer grande al país nuevamente —aseguró el Jefe de Gabinete. Algunos de los demás se rieron. El presidente no.

—Me gusta esa idea —dijo—. Yo me compré ahora para los perros unos juguetes con el cincuenta porciento de descuento que, o sea, es imposible que suceda en cualquier otro momento del año.

—Por eso digo —reforzó el Jefe de Gabinete, cuando las risas ya se habían silenciado—. Se me ocurren hacer varios stands con distintos niveles de porcentajes de descuento. Acuífero Guaraní, treinta porciento. Minería, cincuenta porciento.

—¿Y ofertas exclusivas en momentos sorpresivos? Digamos, o sea, queremos vender energía nuclear a las cuatro de la tarde de un martes con cuarenta porciento de descuento —sugirió el presidente, emocionado.

—Excelente idea. Ya la agrego —contestó el Jefe de Gabinete, mucho más tranquilo.

Compartí este pasquín

¿Querés recibir un correo electrónico con los pasquines que se publican en el blog?

Suscribite completando tu nombre y correo electrónico.

Loading

Importante: Te va a llegar un email que tenés que abrir para confirmar tu correo.