Hacía bastante que no nos juntábamos a cenar el gordo y yo, como solíamos hacerlo antes, cuando compartíamos algunos negocios que, al menos por mi parte, siempre tuvieron más que ver con la pasión, con las ideas, que con hacer plata. Así que le escribí para que nos juntáramos. Y me invitó a comer en la casa, como antes.
Siempre cada uno ponía lo que quería y con eso estábamos hechos. Nos dábamos tremendas panzadas también, porque el gordo siempre fue de buen comer y yo no me quedo atrás.
Cuando llegué nos dimos un abrazo. Tenía esa sonrisa seductora de siempre. Me apretó que casi me estruja todos los huesos, de lo fuerte que es él.
Estuvimos cuatro horas más o menos, comiendo, chupando, charlando. Y también, como siempre, tuvimos esa hora, hora y media, en que él me muestra todas la cosas nuevas que consigue viajando por el mundo.
—Gordo, voy a arrancar —le dije cuando me caía de sueño.
—¿Already? —contestó él, que usa mucho el spanglish—. Todavía no te mostré toda la ropa de fútbol americano.
—Otro día me mostrás. O mandame fotos —dije sin disimular interés—. ¿Partimos los gastos?
—My numbers —dijo y, levantando el culo de la silla lo apenas suficiente como para meter la mano en el bolsillo, sacó un papel—. Ahí los tenés.
Estiró el brazo sin separar el cuerpo del respaldo, por lo que el papel apenas llegó a la altura de su plato, obligándome a mí a estirarme sobre la mesa hasta llegar a él.
—¿Eh? Pero esto es una fortuna —me quejé—. En dólares, encima.
—¿Y qué querés? Nadie que conozca gana en pesos —contestó levantando los hombros y arqueando la boca hacia abajo.
—Gordo… A ver. ¿Trescientos dólares en achuras? Yo traje la carne y gasté menos que vos.
—Los pork cheddar chorizos y las bacon morcillas estaban mucho más ricos que tu vacío, disculpame que te lo diga —inclinó la frente hacia adelante y me miró con las pupilas casi pegadas a las cejas.
—¿Quinientos dólares en whisky? —casi grité—. Yo también traje, cada uno puso el suyo, gordo, esto no lo contemmos —sugerí.
—Tomaste casi todo del Macallan Rare Cask, single malt. Y vos trajiste un Criadores que quedó casi intacto. Ni siquiera un Old Smuggler.
No se lo dije, pero en el momento me acordé de por qué no me juntaba más con él. Le di todo lo que tenía y, además, me fui a casa con una deuda.

