718. Bob Marley

2 de diciembre de 2025 | Noviembre 2025

—A ver, pará. ¿Y si pagamos las tarjetas de crédito con tu sueldo ahora cuando cobres, y después, cuando viene mi sueldo, le pagamos al gasista y vamos al súper y después nos acomodamos con eso ya fuera del escenario para el resto del mes? —preguntó Romina mientras le cebaba un mate a Daniel.

—Me parece que el gasista, si no le pagamos la parte del trabajo que hizo, nos va a dejar viviendo para siempre con el hornito y el calefón eléctricos. Vos porque no te agachás para entrar abajo de la “ducha” —contestó Daniel y dibujó comillas en el aire.

—Bueno, Daniel, duchate en lo de tu vieja, no sé… —contestó Romina y revoleó un brazo.

—Uy, mi vieja —dijo Daniel y se tapó la cara con las manos—. Me había olvidado de ese enorme gasto, la puta madre.

Aunque llevaban pocos minutos de conversación, la mesa ya estaba desordenada de papeles con números escritos anotados a mano en distintos colores de tinta. Bob Marley cantaba, irónico, de fondo.

—Pa, ¿me transferís que me voy a lo de Nacho? —interrumpió Mateo, cuando entró en el comedor.

—Yo también, yo necesito para el Roblox —dijo Isabela, que entró corriendo cuando escuchó la conversación.

—Pero si vosjugás adentro de casa —le contestó Daniel, todavía sin comprender el sistema.

—A Mateo le van a dar —resolvió Isabela y se cruzó de brazos.

—Eh… —Daniel lo miró como pausado en cálculos de vida o muerte antes de transferirle pesos de más a su hijo.

—Yo tengo, yo les transfiero —resolvió Romina y empezó a tocar su celular.

—¿Pero no era que no tenías? —preguntó Daniel.

—Gracias ma —dijo Mateo y salió.

Isabela abrazó a su madre, la besó y se fue tras los pasos de su hermano.

—Vos les das para estas giladas y el mes que viene estamos complicados —advirtió Daniel.

—Bueno, que sea como una despedida —sugirió Romina, algo más condescendiente con sus hijos.

—¿El año que viene les empezamos a pagar los viajes de egresados a los dos? —preguntó Daniel, resignado.

—Sí. Menos mal que nos tocan juntos así nos los sacamos de encima al mismo tiempo —dijo Romina y cabeceó de costado—. Para el de secundaria de Isabela deberíamos empezar a pagar desde ahora, te digo.

—Y puede ser. Y en el medio cambiar el auto, que no da más. Encima este mes va al taller.

—Qué paja, Dani —lamentó Romina—. Siempre nos pasa con el aguinaldo que aparecen gastos de más por todos lados, ¿te diste cuenta? —asintió.

—Y agradecé que lo cobramos… Me parece que no queda otra, hay que buscar algo más para hacer. No llegamos —lamentó Daniel.

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