713. Pastel de papas

27 de noviembre de 2025 | Noviembre 2025

—Otra vez este dispenser de mierda, que no calienta el agua —se quejó Mario Calabrese, ministro provincial en materia de educación mientras salía de su oficina, agitando un termo—. Fijate, Gladys, si podés llamar de nuevo a los de mantenimiento para que lo arreglen en serio. Deciles que si vuelve a fallar les hago un sumario —ordenó a su secretaria señalándola.

—Sí, bueno, pasa que… habían dicho que estaba para cambiar —contestó Gladys, con su voz aguda, desde su escritorio donde lucían, al lado del teclado, unos ovillos de lana y unas agujas de tejer—. Habría que comprar uno nuevo.

Mario la miró con odio no correspondido. No tener mate a la mañana le arruinaba el humor.

—Cada día un problema nuevo, Gladys —sonrió irónico—. ¿Podés hablar con presupuesto para solucionarlo?

—En realidad… Presupuesto cerró el año ya, porque no había más.

—¿Más qué? —preguntó el ministro, casi gritando.

—Más plata. No tenían nada que hacer. Desde el mes pasado ya. Peor todavía, está pendiente de analizarse el pedido del sindicato de fondos para infraestructura, que trajeron todo detallado.

—Dos problemas en un día, Gladys. Te estás excediendo.

—Disculpe, Mario, pero me parece que hay que atender ese pedido. Yo vi las fotos. En la escuela de mi nieta hay un baño que tiene un inodoro y dos cubículos vacíos porque se rompieron y no había para poner nuevos. La escalera, también, rota. Los chicos se caen, ruedan —acompasó las manos en caída.

—¿Y las cooperadoras? —acusó el ministro y la señaló con el mentón.

—Vio cómo está todo hoy, lo que cuesta… Fíjese después las fotos de las escuelas y va a ver que la situación está fea.

Mario Calabrese la miró en silencio. Gladys asintió tranquila.

—Haceme un favor. Pedile a los de presupuesto que vengan mañana. Vos andá organizando a ver cómo podemos rasparle un poquito a cada sueldo para cubrir los gastos —dijo Calabrese haciendo una corta distancia entre el pulgar y el índice.

—¿Del ministerio? —se alertó Gladys.

—De los docentes, Gladys. Que sea prolijo; ni un peso de más. Como si estuvieras emparejando el pastel de papas en la fuente y…

—Ah, pero me lo como todo —interrumpió Gladys.

—Esta vez, no. Y a los gastos sumale un dispenser nuevo, que me estoy volviendo loco  —cerró el ministro y volvió a su oficina.

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