707. División Bullrich

21 de noviembre de 2025 | Noviembre 2025

El proceso de selección de nuevos agentes para convertirse en detectives de la Policía Federal estaba a cargo del área más importante de toda la estructura para el gobierno. El director del Departamento Federal de Investigaciones había mandado a hacer una preselección de aspirantes para, una vez que quedaran los veinte mejores, determinar quiénes de ellos integrarían la fuerza.

Un martes a la tarde, Víctor Fagúndez, director del DFI, recibió en su despacho, el listado de los preseleccionados luego de las pruebas físicas, médicas, psicológicas y una evaluación sobre el prontuario de los postulantes.

—Pero son solo cuatro —se quejó Víctor.

—Es que no vinieron tantos a postularse —contestó el oficial López—. Y además, usted vio los estándares fijados por los requisitos… Muy exigente.

—A ver qué tenemos —dijo Víctor mirando la lista—. Este tipo, Oromendia. Dos carreras: química e ingeniería. Un doctorado en química industrial. Todo en la UBA. Promedio nueve. Descartado —sentenció Fagúndez.

—Disculpe, director, pero era el mejor calificado.

—Oíme. Con lo que se paga acá, y con lo que sabe este tipo, no hay chances de que no haya algo raro. Se nos está infiltrando un zurdo, es evidente. Ofalto policial —aseguró Víctor.

López, pensativo, comprendió el análisis de su jefe y asintió conforme. Decidió retener esa información para el futuro.

—A ver este otro: Ricciardelli. Abogado, Universidad de Lomas. ¿Trabajó en el gobierno anterior? No, ¿qué es esto? Descartado por kuka. Otro infiltrado más.

—¿Usted dice? Mire que este decía que odiaba a los negros.

—En la foto se lo ve bastante negro —Víctor miró la foto achinando los ojos—. Vamos a ver este otro… Gutiérrez ¿Qué dice? ¿Encargado de edificio? ¿Un portero trajeron?

—En realidad, fue portero durante el tiempo que estudio la licenciatura en seguridad ciudadana en la Universidad de Lanús.

—A ver, López. Dígame, ¿de qué suelen trabajar los policías que nosotros infiltramos? —preguntó Víctor sacándose los anteojos como si fuera un examen.

—De porteros —contestó López.

—No se hable más. Debe ser comunista. Mire, acá dice: Venezuela.

—Es la calle del domicilio —aclaró López, pero Víctor no le prestó atención.

—¿Y esta? Una minita trajeron —se baboseó Víctor—. Está buena, eh. Mirá esas tetas. Che, esta me gusta, la verdad. Socióloga de la UBA. Me parece que tenemos la indicada.

—¿Seguro, jefe? Mire que en la prueba de obtener datos a la fuerza casi se negó a pegarle al muñeco porque decía que no era un método correcto. Es la que más infiltrada pareció.

—Porque ella usa las artes de la seducción, López, como buena mina. Se ve que usted no conoce de ese mundo, pero no se preocupe. Acá tenemos a la indicada. Contrátenla y tráiganmela que la quiero conocer —resolvió Fagúndez.

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